Excelencia

La Benemérita Escuela Normal “Manuel Ávila Camacho” es una institución con casi 200 años de vida formando profesores, en su trayecto ha atravesado por diferentes periodos en los que se ha adaptado a las políticas nacionales, a las circunstancias sociales, a los requerimientos dependientes del estado, su origen y largo recorrido histórico entrañan una gran tradición que sostiene incluso su lema: “La voz de la patria es el maestro”, no obstante, se reconstruye día a día y se adapta a las exigencias académicas, culturales  y sociales que le otorgan vigencia.

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En la actualidad mantiene una serie de atributos que han colocado como líder en el plano estatal de la formación inicial  de profesionales de la educación y de la formación profesional  con cinco programas educativos y uno de posgrado que han mostrado efectividad en la eficiencia terminal y en los resultados de idoneidad; se distingue en el campo de la profesionalización con dieciséis perfiles PRODEP y cinco cuerpos académicos en la formación y uno en la consolidación.

Su proyección social se ha mantenido en virtud de su prolifera vida cultural, deportiva y artística, de su participación en competencias estatales y nacionales y en diversos eventos académicos, sociales y culturales.

Los logros son evidencia de una constante preocupación y actualización de su cuerpo docente, no solo en el plano académico, sino en el social y en cultural. Esta gran trayectoria y sus condiciones la mantienen viva y dinámica, es un reto sostener el nivel alcanzado y sobre todo incrementarlo.

En tal sentido se puede afirmar que la excelencia se nutre de las experiencias compartidas de las personas, en el plano académico, pero también en el plano de la formación integral. En la relación a la excelencia académica hay que poseer una alta curiosidad intelectual acompañada por un buen léxico una actitud positiva para el estudio y características personales que permitan la motivación, el auto control y el desarrollo de las relaciones personales con distintos actores académicos.

Ubicando la excelencia desde la perspectiva humanista que coloca al estudiante como una persona en el centro de la acción académica, social y cultural, se proyecta una acción integral organizada, productiva y eficaz, orientada a las necesidades de una formación que desarrolle en el futuro profesor conciencia, conocimiento, habilidades en el desempeño docente, valores científicos y éticos, que se forme un sentido integral de estudio, de compromiso con la profesional y con la sociedad, de respecto al otro como persona para generar crecimiento individual y colectivo.

Con la relación a la calidad en la enseñanza en el contexto de las instituciones de la educación superior, y de manera particular, en las políticas y programas de profesionalización, de las funciones de investigación, vinculación y difusión académicas han cobrado una gran relevancia, aspectos que posibilitan que la escuela normal se posiciona en el ámbito de las universidades, es un renglón que se debe mantener por los beneficios que entraña en los docentes y en el plano institucional, no obstante se debe reconocer que los programas de profesionalización han privilegiado la investigación como una actividad que tiende a ser un eje dominante que ha marginado la practica y el perfil docente como experto en la enseñanza (Bolívar, 2008), abriendo distancia entre la vocación de ser maestro y las nuevas lineas profesionalizantes.

El impacto en los procesos de enseñanza y de aprendizaje implica reflexión y de análisis, socialización de conocimientos e intercambio de experiencias, autocrítica en la enseñanza, generación de conocimiento que mantenga al docente actualizado, conocimiento pertinente del curriculum, dominio de la disciplina y de las formas que correspondan a su enseñanza; en síntesis, implica fortalecer los atributos profesionales del docente formador, para que este en las mejores condiciones de llevar a cabo los procesos de acompañamiento de la formación de profesional de estudiantes.

En el complemento a lo planteado, la idea de excelencia académica pone en relieve una educación de calidad, noción que tiene que ver también con la eficacia de los servicios y de las instalaciones que tiene un plantel para que el proceso de enseñanza y de aprendizaje se desarrolle en condiciones optimas (Herrera, 2013:87).

Para mantener e incrementar la calidad, es indispensable tener claro lo que se pretende, planificarlo, realizarlo sin perder de vista metas y propósitos comunes, evaluar procesos que conduzcan a la reflexión sobre todo el hecho para su reconstrucción en un plano evolutivo, como sostiene María Teresa Yurén: un proceso continuo “cuyo movimiento se asemeja a una espiral. El sujeto recibe de la sociedad y la cultura los elementos que le permiten desarrollarse y configurar su personalidad. A su vez, el sujeto actúa consciente, critica y creativamente sobre su entorno social y cultural para transformarlo y transformarse” (2000:32).